Preguntas Médicas

El desprendimiento posterior de vítreo es un proceso común a medida que avanza la edad ya que, con los años, el humor vítreo (líquido gelatinoso que rellena la cavidad ocular dándole forma y consistencia) tiende a deteriorase. Como consecuencia, se contrae y pierde tu textura gelatinosa hasta separarse espontáneamente de la retina. Los principales síntomas que conlleva son la visión de moscas volantes o puntos negros que se mueven alrededor del ojo y la percepción de destellos luminosos, cuya frecuencia, aunque pueden persistir largos periodos, suele disminuir con el paso del tiempo. Generalmente, no se aplica ningún tratamiento ya que no se puede revertir el proceso por el que el vítreo pierde su consistencia, pero es necesario realizar una evaluación oftalmológica para seguir su evolución y descartar un posible desprendimiento de retina, en cuyo caso suele requerirse una intervención quirúrgica.
El ojo seco es una alteración crónica que se produce cuando la superficie del ojo no está bien lubricada por falta de lágrima o porque esta es de mala calidad, lo que puede dar origen a molestias oculares, problemas visuales y lesiones en la córnea o la conjuntiva. Para evitarlo, se recomienda no exponerse a corrientes de aire y evitar la sequedad y la polución ambiental. En la mayoría de casos no se puede tratar directamente la causa del ojo seco y es necesario realizar un tratamiento sustitutivo con lágrimas artificiales o pomadas lubricantes que ayudan a controlar la sequedad y la irritación. Si con este tratamiento no disminuyen los síntomas, existe la opción de preservar las lágrimas de la persona afectada, mediante el bloqueo de los conductos lagrimales, insertando un minúsculo tapón que evita el drenaje rápido de las lágrimas y permite conservar la hidratación ocular y proteger el ojo. Los pacientes con ojo seco más severo pueden requerir otros tratamientos adicionales que deberá valorar el oftalmólogo.
La miopía es un defecto refractivo que se produce cuando el globo ocular es demasiado alargado o la córnea demasiado curva, por lo que las imágenes se enfocan delante de la retina y no sobre ella, dificultando la visión lejana. Suele corregirse con gafas o lentes de contacto, aunque la cirugía refractiva es una opción para quienes desean prescindir de corrección óptica. Salvo excepciones, la intervención debe realizarse una vez se haya estabilizado la miopía, de los 20 años en adelante. A partir de ahí, el factor edad no limita una posible cirugía, aunque sí influye en la elección de la técnica, que deberá ser valorada por el oftalmólogo. Recomendamos realizar una visita a un centro especializado, aunque cuando se busca corregir un defecto refractivo a partir de los 50-55 años, suele implantarse una lente intraocular que sustituye el cristalino, la lente natural del ojo que con el tiempo va perdiendo elasticidad (presbicia) y transparencia (catarata). De este modo, la prótesis artificial implantada es ópticamente mejor que el cristalino natural del paciente de cierta edad.
La presbicia o vista cansada no es una patología, sino un proceso degenerativo normal asociado al envejecimiento del ojo y, por lo tanto, no se puede prevenir la vista cansada. Con la edad, el cristalino (lente natural del ojo) pierde elasticidad y capacidad de enfoque, provocando una pérdida de nitidez en la visión cercana que suele compensarse con la utilización de gafas. Sin embargo, también es posible corregir la presbicia mediante intervención quirúrgica, cirugía láser e implantación de lentes intracorneales o intraoculares, que pueden ser de varios tipos según las necesidades de cada paciente. Generalmente, la cirugía se lleva a cabo cuando la presbicia está asociada a catarata, miopía o hipermetropía, y se recomienda esperar a que la graduación se haya estabilizado. En cualquier caso, es aconsejable consultar al oftalmólogo, quien realizará un estudio personalizado para determinar el tratamiento más adecuado teniendo en cuenta factores clave como la profesión o las preferencias personales además de la edad.
Es una lesión menor del párpado que no repercute en la visión. Se produce a causa de una inflamación de la glándula de Meibomio que provoca un abultamiento del párpado. Se trata con pomadas antiinflamatorias, inyecciones de corticoides y/o cirugía.

Dependiendo del tamaño, localización, evolución y cuadro inflamatorio del chalazion se aplica un tratamiento u otro.
En el interior del ojo existe un espacio que se llama cámara anterior. Este espacio contiene un líquido transparente (humor acuoso), que baña las estructuras que allí se encuentran y mantiene sus propiedades ópticas.

El líquido está entrando y saliendo constantemente de la cámara anterior. La salida del mismo se produce a través del ángulo que forman la córnea y el iris cuando se unen. El ángulo tiene la función de dejar salir el humor acuoso hacia el exterior del ojo para que la presión intraocular se mantenga estable y no se dañe el nervio óptico.

En el caso de los glaucomas de ángulo abierto, pese a que este ángulo está abierto, por diferentes motivos, no funciona correctamente, por lo que el humor acuoso sale más lentamente del ojo, provocando un aumento de la presión intraocular y el consiguiente daño del nervio óptico. En el caso de los glaucomas de ángulo cerrado, el ángulo se cierra e impide la salida del humor acuoso, aumentando igualmente la presión intraocular.
En ojos jóvenes, el cristalino, la lente natural del ojo, es muy flexible. Sin embargo, con la edad va perdiendo elasticidad y su capacidad de cambiar de forma y de enfocar los objetos próximos. Esta condición se llama presbicia o vista cansada y es normal en todas las personas a partir de los 40 años. Al estar relacionada con un proceso degenerativo, no se puede prevenir.

Normalmente, para facilitar el enfoque correcto de las personas con presbicia se prescriben gafas de lectura o lentes de contacto bifocales. Con frecuencia, entre los 40 y 60 años de edad, se requiere cambio de gafas cada dos años para eliminar la borrosidad causada por el endurecimiento del cristalino.

Sin embargo, para quienes desean reducir la dependencia de las gafas, cada vez son más amplias y efectivas las opciones quirúrgicas que permiten prescindir de corrección óptica. La cirugía refractiva para la presbicia es una alternativa en creciente demanda por parte de los pacientes.

Existen diferentes técnicas, aunque la más común es la implantación de lentes intraoculares que sustituyen el cristalino y que pueden ser de distintos tipos según las necesidades de cada persona. Este procedimiento es el mismo que se utiliza en la cirugía de catarata.

Otras posibilidades son la implantación de lentes intracorneales o la cirugía corneal con láser, que modifican la asfericidad de la córnea para aumentar la profundidad de foco y compensar la pérdida de acomodación del cristalino.

Para determinar la técnica más adecuada, es muy importante realizar un estudio personalizado del paciente que permita detectar factores clave, como la edad, la profesión o las preferencias y necesidades personales. El éxito de la cirugía refractiva dependerá en alto grado de la individualización del tratamiento, en base a un buen diagnóstico y a una correcta indicación.
El queratocono se produce por un adelgazamiento de la zona central de la córnea, cuya forma esférica habitual pasa a ser en forma de cono, provocando un astigmatismo irregular que distorsiona las imágenes y disminuye la visión. Normalmente, es debido a factores genéticos (en el 25% de los casos se transmite de padres a hijos), aunque también está relacionado con la alergia ocular o frotamiento continuo de los ojos.

El queratocono no se puede prevenir pero podemos frenar su evolución. Detectar precozmente esta enfermedad puede evitar casos muy avanzados que pueden llegar a requerir un trasplante de córnea(es la primera causa de trasplante en pacientes jóvenes). En casos leves, se puede conseguir una buena visión con gafas o lentes de contacto rígidas y en los que hay progresión, el cross-linking corneal ofrece un gran índice de éxito, impidiendo que el queratocono avance y mejorando la regularidad de la córnea. La técnica consiste en la administración de unas gotas de vitamina en la superficie de la córnea y su posterior exposición a una luz ultravioleta de baja potencia que provoca una reacción química que aumenta la rigidez de la córnea, debilitada a causa del queratocono.
Las personas con más de ocho dioptrías tienen alta miopía y deben someterse a revisiones periódicas oftalmológicas. Tienen algunas limitaciones, como la cirugía refractiva con Láser Excímer, que está indicado para pacientes con menos de 8 dioptrías. Pero existen técnicas como la implantación de lentes intraoculares que son una buena opción. Se valora en consulta y se decide qué tipo de lentes son las adecuadas a cada paciente, a su tipo de córnea y a sus necesidades visuales.
Podría ser síntoma de un desprendimiento de retina, se aconseja visitar al oftalmólogo con urgencia para confirmarlo. De ser así, debería tratarse enseguida ya que las posibilidades de mejora son mucho mayores si no se desprende la mácula o área central de la retina.
Depende de cada caso en particular. En los últimos años se ha avanzado mucho en los trasplantes parciales de córnea. Se trata de opciones menos agresivas ya que se trasplanta solo una parte con una cirugía de mínima incisión, que repercute en una mayor comodidad para el paciente y en una recuperación más rápida.
Es una lesión menor del párpado que no repercute en la visión. Se produce a causa de una inflamación de la glándula de Meibomio que provoca un abultamiento del párpado. Se trata con pomadas antiinflamatorias, inyecciones de corticoides y/o cirugía.

Dependiendo del tamaño, localización, evolución y cuadro inflamatorio del chalazion se aplica un tratamiento u otro.
Podría ser síntoma de una catarata. La catarata puede manifestarse habitualmente con visión borrosa o doble, fotofobia, dificultades para conducir de noche, aumento de la miopía o recuperación de la visión cercana inexplicable. Es frecuente que las personas a las que les ocurre no acudan al oftalmólogo ya que no es un síntoma molesto. Por ello es recomendable realizar revisiones periódicas a partir de los 40 años para detectar este tipo de patologías oculares degenerativas.
Cualquier anomalía en los ojos debe examinarse a cualquier edad, desde el nacimiento. Durante la escolaridad es obligatorio realizar un examen a todos los niños, a los 4 ó 5 años, en los que se determina su capacidad visual.
Sí, puede hacer cualquier deporte, como también pueden practicarlo todos los pacientes operados de cualquier patología, siempre que sus condiciones físicas lo permitan y que hayan transcurrido unos días desde la intervención.
Durante unos días, especialmente durante las dos primeras semanas, debe evitar frotarse los ojos, bañarse en piscinas y maquillarse los párpados.
En general, el paciente operado de Lasik tiene una visión aceptable o cercana a su máxima visión, a las pocas horas. Sin embargo, en algunas ocasiones, la visión tarda en mejorar alrededor de una semana.
Hoy en día, se dispone de varias técnicas. La más popular para los pequeños defectos refractivos, tanto la miopía, como la hipermetropía y el astigmatismo es el LASIK. Pero también hay otras opciones para casos más especiales: lentes fáquicas, extracción del cristalino, lentes intracorneales o anillos intraestromales.
Debe evitar hacer grandes esfuerzos y sobre todo, evitar los traumatismos directos al ojo.
La mayoría de los pacientes que consultan por un rechazo de la córnea lo hacen por disminución de la visión. En ocasiones, puede producir sensación de cuerpo extraño o sensación de deslumbramiento o molestia de la luz.
Normalmente, las secreciones oculares son síntomas de procesos externos como conjuntivitis u otras infecciones o inflamaciones. Normalmente, no constituyen procesos severos oculares y habitualmente se tratan con antibióticos tópicos.
En situaciones que aumenten los síntomas: contacto con el cloro de las piscinas, exposición al sol o al viento, los aires acondicionados y el esfuerzo visual (lectura, conducción, etc.), debe aumentarse el uso de lágrimas artificiales. Sin embargo, aquellos pacientes que no controlen su sintomatología con el uso de lágrimas artificiales deberían acudir al oftalmólogo para valorar la posibilidad de añadir otros tratamientos.
Es el resultado de alteraciones en la secreción lagrimal y palpebral que pueden provocar enrojecimiento, picazón, ardor y sensación de cuerpo extraño y de cansancio ocular. Una lubricación adecuada del ojo es posible mediante un equilibrio lagrimal que consta de la producción de lágrimas de buena calidad y un sistema palpebral normal. Cuando ese equilibrio se rompe, o bien se altera por factores externos, la producción de lágrimas disminuye y existe propensión al desarrollo del ojo seco.
Las gafas de sol son una protección con filtro para que lleguen menos radiaciones al ojo. No hay ninguna situación realmente de necesidad de proteger los ojos del sol, pero el uso de gafas hace que estemos más confortables, ya que la luz penetra menos en nuestro sistema óptico. Lo que no hay que hacer nunca es mirar directamente los rayos solares porque se produciría una destrucción directa de la retina.
Depende del tipo de midriático (gotas para dilatar la pupila) que se utilice. Normalmente, las gotas que se usan para hacer un examen normal del ojo dilatan muy rápidamente la pupila ?en unos 15 ó 20 minutos?, y su acción desaparece en una hora y media, aproximadamente. En otras ocasiones, en las que es necesario realizar una dilatación muy poderosa, se utilizan otro tipo de gotas con las que la midriasis tarda mucho tiempo en ceder (se usan especialmente en algunos casos de niños para hacer la medición de su corrección). En estos casos, el efecto puede durar hasta una semana.
La mejor iluminación para la lectura o el trabajo con ordenador es la de la luz incandescente (no tubos fluorescentes), que provenga desde atrás y lateralmente al individuo, evitando los reflejos sobre el papel o el monitor.
Los músculos del párpado permiten pestañear unas 20.000 veces al día.

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